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Desde Singapur se dirigió, esta vez por el aire, hasta Perth donde cogió uno de los trenes míticos Australianos, el Indian Pacific, entre Perth y Melbourne, aunque la viajera se apeó en Adelaida, recorriendo los 2.780 kilómetros que hay entre esas dos ciudades. Tras pasar la primera semana en esta ciudad del Oeste de Australia, visitar un parque natural con sus canguros y participar en el día de Australia, se dirigió a Melbourne.

Informacion adicional

  • - La periodista y ahora viajera Alicia Sornosa*, ha llegado a Sydney tras su aventura por el note de Australia.

Si, ya lo se, es un viaje en moto. Pero hay veces que las cosas llevan su tiempo y traer la moto hasta Australia desde India sin pagar 4.000 euros (que es lo que me toca ahora para llegar a Argentina), se traduce en tiempo.

Como ya estaba un poco cansada del clima húmedo, el tráfico y la suciedad de Asia, me cogí un vuelo en cuanto Descubierta (mi BMW F65oGS) estuvo embarcada. Habéis podido ver cómo la he limpiado, la he empaquetado y como ha salido en barco. Ahora, la muy ladina está de crucero por el paradisíaco Océano Indico, mientras yo la añoro desde Australia. Aunque no me voy a a quejar, he hecho un bonito viaje en tren, de tres días y dos noches que me ha servido para darme cuenta de las distancias de este enorme país.
Un continente que se parece mucho a África, bueno a lo que conozco de ella. Pero con asfalto, semáforos y la gente educada (o acongojada con tanta norma). Una mezcla entre USA y algo más allá, más nuevo, más civilizado.

Os dejo con este vídeo, que seguro lo disfrutan más los peques que los mayores, yo me lo he pasado pipa haciéndolo.

Alicia Sornosa

Ruta de los exploradores españoles olvidados.

Informacion adicional

  • -
Viernes, 22 de Junio de 2012 08:36

De Vancouver a Stewart: sin osos a la vista.

En la ruta hacia Alaska

Primer día:

Salgo de Vancouver con buen tiempo que en 100 km se comienza a transformar en malo. Hace frío y llueve mucho. El paisaje transcurre desde grandes rocas con árboles, carreteras (la HW1, Transcanadian) de dos o cuatro carriles con buen asfalto, los ríos bajan endemoniados, paralelos a la carretera, llenos de minerales, arena y madera que flota y choca rabiosa contra las piedras y rocas que forman los rápidos.

 

Williams Lake

Entre tromba y tromba de agua llego a mi destino, Williams Lake. El primero hotel en el que pregunto me piden más de 170 dólares, se llama la cadena Super8. Pregunto por algo  más barato y acabo en un motel por 70 dólares. No puedo ni discutir el precio, estoy agotada, hay poca luz y no deja de llover, parece que me han tirado al agua, mi traje impermeáble de BMW está calado por fuera, menos mal que por dentro no tengo ni una gota. No he pasado frío, pero “se me cae la vela”.

The most beautiful road in Canada

 

La comida en un bar cercano es barata, por 11 dólares me ponen un gigantesco plato de arroz con “chorizo, gambas, pollo” y una picante salsa de tomate con pimientos y cebolla. Además dos trozos de pan tostado que intento llevarme pero que olvido cuando pago. De ahí casi a la cama (antes reviso correos y fotos del día).

 

Me llaman la atención la cantidad de carteles de animales sueltos y de “respeten la vida salvaje, vayan con cuidado” que me encuentro en el camino. Cruzo pequeños pueblos a las orillas de un gran río que baja fuerte, revuelto y muy, muy lleno como consecuencia del primaveral  deshielo.

 

 

En la carretera / On the road

Despierto temprano, son las 7,30 y me ha salido el sol, tengo que aprovechar que no llueve para hacer fotos y continuar el viaje. Mi ropa de invierno ha llegado a Madrid, pero ya no dará tiempo a recojerla y que me la manden para Alaska, aunque lo voy a intentar. De todas maneras no paso frío, con mi BMW Airflow, la ropa térmica y una chaqueta que para el viento debajo y sobre la chaqueta de moto, el traje de agua que evita que pase el viento y me protege de la pesada lluvia.

Lorie en la gas station

Segundo día:

Hoy ha habido sopresa. Estaba yo echando gasolina cuando he visto una moto de carretera pararse en el semáforo, he saludado con la cabeza y la moto se ha acercado donde estaba. Resulta que es una Hayabusa con una mujer encima. Mi sorpresa ha sido enorme y más cuando se ha quitado el casco… ¡tiene el pelo rosa!!

Se llama Lorie, es de Canadá y quiere llegar hasta Alaska con su moto japonesa. Viaja sola, como yo. ¡Ella tiene 51 años y cinco hijos!! increíble, aunque el más pequeño tiene 16 años ha sido capaz de cortar por lo sano y hacer algo que desea, viajar en moto. Esto demuestra una vez más que querer es poder, no hay más obstáculos que los que nos ponemos nosotros mismos.  La historia de esta mujer, pequeñaja como yo, es increíble. Decidimos ir juntas a por víveres. Me cuenta que está cansada, anoche llovió y ella estaba durmiendo en su tienda, en un camping.  Yo me lo imagino, pon tienda, quita tienda, duerme con la humedad…y todo mientras jarreaba de lo lindo. Aquí a veces el tiempo no acompaña.

Small Town / Pequeño pueblo

Tras la compra vamos a tomar una café, allí me cuenta la historia que os he descrito, mi inglés es malísimo y me cuesta entender todo lo que me quiere decir, aunque simplemente con mirarla, me entero de muchas de las cosas que está expresando. Hablamos del presupuesto del viaje, más o menos andamos igual, unos 60 dólares/día (incluye dormida, comida, cena y gasolina). Le pregunto si quiere dormir hoy en un motel, con una cama seca y una ducha a la mañana, podemos compartir gastos y habitación. Me dice que si. Haremos unos 250 km juntas y después buscaremos alojamiento.

Farms on the road

Pero no llegamos a Stewart, nos quedamos en un pueblito unos 60 km antes.  Hace mucho frío, está bajando el sol y es peligroso circular por los animales que salen a estas horas. Chocar contra un alce o un oso no tiene ninguna gracia. Las carreteras están en obras y nos obligan a desviarnos por caminos de tierra, yo con mi moto voy fenomenal ya que uso unos neumáticos de off road (Continental TKC80) pero no se cómo lo hace ella con su Hayabusa y neumáticos de asfalto. ¡Es una jabata!

Paramos y nos separamos para buscar el mejor precio por una habitación, que lo acabo encontrando yo. Hoy sólo nos cuesta 33 dólares dormir en un lugar seco, que bien. Dejamos el equipaje y mientras ella organiza sus maletas me bajo a cenar. Acaba bajando y comparto mi ¿Chop Suey? con ella. Cenamos y a dormir, ha sido un día muy largo, he recorrido más de 500 km y estoy molida. Lorie lleva unos 700, está más cansada que yo.

Las vistas del Glaciar

Tercer día:

Por la mañana a las seis de reloj ya es de día, salimos a desayunar, pero antes debemos recorrer 60 km. Este pueblo tiene una montaña espectacular dódne se rodó una peli hace poco (me dijeron el título en inglés pero no me acuerdo). Acabamos en una típica hamburguesería, hacen “buen café” y tienen wifi. Desayunamos mirando mapas y hablando de la carretera y los animales que podremos encontrarnos, osos sobre todo.

En uno de los mil puentes. The bridge

Lorie sale antes, nos separamos, yo me quedo escribiendo y ella se va pero seguro que cuando pase por Ontario la voy a visitar. Me ha encantado encontrar a otra viajera. Además me dice que  se dirige a otro lado y mucho más deprisa que yo, tiene una semana de vacaciones y quiere llegar a Alaska. Yo tengo que parar, hacer fotos, filmar y además, mi velocidad de crucero es de unos 90 Km/h máximo, paso de ir más rápido o me perderé todo lo que debería observar.

Y se ha encargado de decirme que cuente su historia y que si las mujeres no hacemos lo que queremos, como los hombres, es por las cortapisas que nos ponemos a nosotras mismas. ¡Se lo prometo y aquí está!

Cierro el pc, quiero llegar a ver los glaciares y un lugar donde comen lo osos en la temporada del salmón, cuando regresan a los torrentes donde nacieron, estoy lista…allá voy!

Ríos que hacen lagos, nieve que los llena

Hoy el camino es más agradable, paro a las dos horas en una zona de descanso y un grupo de americanos sesentones con sus MX5 se acercan hasta donde estoy, charlamos, nos hacemos fotos y seguimos cada uno su camino. Los puentes de madera por los que se cruzan los ríos me encantan, da gusto el tacto que transmiten la ruedas a mi manillar cuando pisan los listones de este preciado material.

To Stewart

La carretera se estrecha, comienza a retorcerse, es espectacular, sobretodo lo que empiezo a ver, una enorme montaña blanca, unos grandes picos cubiertos de nieve, es precioso, lástima que esté nublado, no puedo hacer fotos, casi no se distingue el cielo de la nieve. Curva a la derecha, a la izquierda…reduzco la velocidad ante la inmensidad del muro de piedra que tengo a los lados, los neveros de sus cumbres se deshielan y dejan escapar el agua formando torrentes que se desbordan en la verticalidad de la pared. Tres, cuatro, cinco, seis…los torrentes se convierten en finas cascadas. Esto es magnifico, precioso, espectacular. Me emociono de ver esta naturaleza fría y exuberante, me quedan pocos kilómetros para llegar a Stewart, salgo de la curva, una recta y a mi derecha lo veo, está ahí.

Alicia, Descubierta y el Glaciar

Paro en el arcén, delante de mi tengo un lago alimentado por la nieve y un glaciar, allí está blanco, negro y azul como el cielo que me gustaría ver, pero está nublado. Me fijo en cada centímetro de esa enorme mole de hielo, nunca había visto una lengua de un glaciar, es algo increíble, me emociono y se me escapan unas lagrimillas. Me quedo embobada mirando. Los mosquitos me atacan, pero ni los siento, estoy hipnotizada por el color de ese agua en estado sólido. De pronto escucho un motor, es la moto de Lorie que se cruzó con la mía hace unos minutos y ha dado la vuelta. Salimos juntas hacia el camping de esta frontera entre Estados Unidos y Canadá.

Hoguera, tiendas y amigos

Poner las tiendas y hacer una hoguera que pronto se llenaría de gente del camping fue todo uno. Ya no se hace de noche hasta las doce de la noche, es raro, me cuesta cerrar el ojo, pero mi cansancio al final gana. Mañana será otro día, espero que no llueva, quiero llegar al menos a mitad de camino con la frontera, son muchos kilómetros, cierro los ojos, sueño con los osos que no he tenido la suerte de ver.

Y si has llegado hasta aquí, un caramelo, el vídeo del post:

Informacion adicional

  • -
Domingo, 04 de Marzo de 2012 21:05

MIQUEL SILVESTRE EN MALASIA

Miquel Silvestre alcanza Kuala Lumpur y es recibido por el Club de BMW Motorrad Malasia.

Informacion adicional

  • - La Ruta de los Exploradores Olvidados dirigida por el escritor y viajero Miquel Silvestre ha cruzado la frontera de Tailandia con Malasia
Viernes, 25 de Mayo de 2012 19:36

El otro color del oeste americano

De Arizona a ...

Llevo viajando desde septiembre de 2011 y me han pasado muchas cosas.
Algunas he sabido expresarlas con letras, mediante golpecitos de los dedos sobre el teclado, otras veces no he sido capaz y algunas no quería contar lo que realmente pasaba…cosas de cada uno.

Mi periplo por EEUU ha terminado por ahora. He llegado a Canadá y espero pacientemente un cambio de mis Continental TKC 80, que ya están gastadas. Mientras tanto, pienso en las últimas personas que conocí. Pienso en la parte del viaje de en el Grand Canyon.

Hacia la reserva India

Llegar hasta una reserva india en Colorado no es fácil, quiero decir que no es sencillo hacerlo en moto. Desde las Vegas puedes coger un helicóptero, que por menos de 120 dólares te lleva volando, te pasea por el aire entre las gigantes paredes del cañón y te devuelve a tu hotel en la ciudad de las luces de colores y los falsos edificios.

De pie se ven mejor los baches

Como digo, no es fácil llegar hasta esta parte del Cañón con la moto. La cosa empieza bien, un bonito paseo por carreteras de tercera, en una aburrida, firme y previsible línea recta. La montaña de piedra está al fondo, todo el rato. Parece que se aleja en vez de acercarse. Es un raro efecto óptico. De pronto un cruce, un cartel…llevaba más de tres kilómetros, según mi navegador, circulando por la nada. Veo el cartel, me hago la foto de rigor y… ¡desaparece el asfalto!

En la puerta del Grand Canyon

Es divertido, de pronto estoy de nuevo en África o mejor, en India. El montón de gravilla y tierra se acumula en finas bandas a ambos lados del trazado. Me pongo de pie sobre las estriberas y procuro no meterme entre estas suaves líneas donde las piedrecitas escasean. No me apetece caer al suelo pero la rueda de detrás patina mucho y eso que este es el lado “limpio”.
_Esto es una tontería, pienso, mira que si me caigo aquí en medio de este camino sin asfaltar_

Continúo, quedan unas 20 millas para llegar a la reserva, la cosa promete. Subidas, bajadas y curvas reviradas en una pista ancha, pero llena de la maldita gravilla. Comienzan a adelantarme unos coches, me dejan una bonita nube de polvo, no veo ni torta. Ahora entiendo no ver ninguna moto más en el camino, con una Harley ir por aquí es imposible.

EL Grand Canyon

Tras 30 minutos largos de pista, llego al asfalto. Al fondo veo un guardia, antes de llegar a él, leo un cartel:
“no alcohol, no armas” (Glup)
Paso la primera barrera con un nuevo asfalto bajo mis ruedas. Me indican donde aparcar en una enorme esplanada de asfalto, rodeado de helicópteros que despegan y aterrizan constantemente. Al fondo una gran carpa blanca. Esto me empieza a no gustar.

Indio de la reserva

Me indican que tengo que pasar por el “centro de visitantes”, toma ya, esto es USA. El centro dispone de restaurante, tiendas y unos enormes mostradores para sacar el ticket. Dependiendo de la modalidad de tu recorrido pagas desde 47 a 180 dólares, elijo el más barato y me suben a un autobús, “nonono”, esto no lo tenía yo pensado así.

El río Colorado

El bus hace tres paradas. En la primera ves “el águila” que si, lo ves y “el perro dormido” que no, no lo ves (y mira que yo he jugado a ver cosas con las nubes). En la segunda puedes pagar más para pasear sobre una terraza suspendida en el aire con el suelo de cristal, pero no puedes entrar ni con el móvil, por lo que te hacen ellos la foto que tú luego incauto bolsillo andante, pagas.
Increíble el paisaje, el Cañón, el río y las terracitas con papeo que ofrecen al turista. En la tercera parada, un precioso meandro con unas vistas increíbles, donde da más vértigo asomarse de todo el recorrido. En esos moentos te das cuenta de cómo debió ser esto. Por el río, como hormigas, se ven unas canoas (eso si me gusta).

Helicóptero de la TV

De pronto nos echan de allí, dos vigilantes nos piden que abandonemos el lugar, vienen unos de TV a grabar un spot, con helicóptero, cámaras, vestuario… Subo al autobús, por cierto, todos me miran raro desde que llegué a este lugar. Por fin averiguo de qué es: mis pantalones de la moto. Me lo preguntan unos chinos, luego el vigilante del parking de autobuses, ¿se extrañan al no verme en vaqueros?.. jajaja, creando tendencia en los “yueseis”. Tras las risitas con los chinos, me pongo a pensar. Recuperar los 47 dólares puede estar bien…
De vuelta al centro de visitantes me paso por las cajas. Me voy a quejar de no poder pasar le tiempo que necesitaba para ver la última visita, la del meandro. Me devuelven el dinero (sin las tasas, eso si) para estas cosas me encanta EEUU.

En la pista saliendo de la reserva india

Cojo mi moto y vuelta a tragar polvo, ahora me adelantan varios gigantescos 4×4 pick-up y un autobús. Tengo que parar hasta que baje la nube de polvo, no veo nada. Cuando estoy más concentrada en mi conducción, oigo un coche que se pone al lado y grita:
_ ¿Españolaaa?_ tan solo puedo asistir con la cabeza.
Es un grupo de amigos que me esperan a la salida de la pista. Van con un 4×4 y dos Harleys que han dejado allí. Me uno al grupo. Antonio, que viene conmigo, también. Decidimos ir a tomar unas cañas, pero es imposible no hay alcohol en este pueblo. Al día siguiente salgo con ellos para hacer la Ruta 66.

Aaliendo de Colorado, Nevada

Antonio es un buen amigo, nos conocemos desde hace años y hemos coincidido en EEUU, ha tenido el detalle de acercarse hasta donde yo estaba y hacerme unas cuantas fotos por el camino. El grupo de gente que he conocido me acompañan por un tramo de la Ruta 66 son geniales, andaluces, un mallorquín y un suizo afincado en España. Charlamos del viaje, de su encuentro, de trabajo… Y me dejan con la boca abierta. Se ofrecen para echarme una mano en el viaje de vuelta a EEUU, cuando regrese de Alaska.

Grupo de amigos españoles en plena Ruta 66

Estas cosas son las que me hacen ver que la gente es buena, que las personas estamos siempre dispuestas a ayudar, que no nos importa mojarnos en las cosas que nos dan vida, en lo que nos gusta…y que ayudar a cumplir sueños es casi como cumplirlos nosotros mismos. Pero toda la buena compañía se acaba marchando y así sucedió.
De pronto estábamos mi amiga sombra y yo de nuevo en la carretera.

Monument Valley

Llegar al Valle Monumental o Monument Valley, te vuelve a dejar con la boca abierta (menos mal que en esta época no hay moscas). Es increíble lo que la naturaleza ha formado durante miles de años, creo que no somos conscientes encerrados en nuestras ciudades, de lo que tenemos alrededor. Tras rectas interminables me adentro entre las enormes rocas esculpidas por Eolo.

No me extraña que los indios Apaches creyeran que este lugar es sagrado, lo es. Pero mi primera mala noticia llega enseguida, aparco en el hotel y me dicen que no se vende ni bebe alcohol en todo el valle. Adiós a mis cervecillas nocturnas. Al día siguiente decido hacerme unos buenos 500 km, mínimo de camino, tengo que cruzar tierras desérticas y puebluchos olvidados. Aquí sufro el primer susto gordo desde que estoy viajando sola.

Otro paisaje de Monument

Me encuentro en una recta en medio de la nada. Nada a la derecha, nada a la izquierda, solo polvo tierra y alguna piedra medio pulverizada por los cambios de temperatura, el calor y el viento. Voy sentada, escuchando música por el comunicador de mi casco de BMW. De vez en cuando me pasa algún camión gigante, un todo terreno gigante o un coche gigante. Aquí, todo es grande. El viento comienza a soplar y noto como la moto reduce su potencia, creo que es del viento. Reduzco el puño, acelero y cuando llego a 3.000 r.p,m un nuevo tirón, esto no es del viento. Repito la operación controlando la aguja de las revoluciones, efectivamente, a tres mil la moto se “ahoga”. Paro en el arcén. Apago el motor. Arranco y en punto muerto acelero. No pasa nada, todo bien. Monto y salgo. cuando paso a tercera, sucede de nuevo, el tirón y la pérdida de potencia. Me empiezo a acojonar, no es muy pronto y hace un buen rato que no pasa ni el Tato. Paro, huelo, reviso todos los cables con la linterna, compruebo que no haya nada suelto. Abro el depósito, muevo la moto, tengo gasolina. La muevo un poco más. Arranco y subo. Todo OK. Uff…

En ese momento medio para un coche, me pregunta si todo OK con un movimiento de la mano, le digo que si, me adelanta, lleva una moto en el remolque. Benditas dos ruedas!
La cuestión es que pensando me doy cuanta de la cagada del día anterior. Aquí los boquereles de la gasolina son negros, el diesel verde, al revés que en Europa. Cogí el verde y derramé unas gotas en el depósito antes de darme cuenta de que era gasoil. Bueno, ya pasó. Me acababa de dar cuenta lo que supone realmente ir sola, estar sin nadie, sin cobertura, sin …

Adiós Monument Valley

Despierto temprano, quiero llegar a Yellowston Park. Hace mucho frío y no tengo la ropa adecuada, hasta 13 grados resisto bien, pero luego…empiezo a tiritar. El parque está más lejos de lo que creía. Las montañas llenas de nieve. La temperatura baja. Llego a una carreterilla de acceso al parque, están en obras, no abrirán el paso hasta dentro de dos horas…decido irme. Lo puedo ver a la vuelta…o será un lugar para visitar después del viaje. Muchas veces hay que sacrificar lo que queremos ver si la premura es el llegar.

Una Menina de Piedra

Paro a repostar y miro un mapa, quiero llegar a Spanish Fork, un pueblecillo entre las blancas montañas y al lado de un río. El nombre del pueblo “tenedor español” me hace gracia, está en la parte alta de un valle rodeado de cumbres blancas con un río de fuerte corriente y agua clara. Llego casi cuando cae el sol. No me gusta conducir de noche. Estoy cansada, ceno, bebo y me voy a dormir. Al día siguiente el sol brilla, ¡menos mal! me queda Oregón con sus campos y vacas y un paso de montaña, quiero dormir esta vez en Seattle.

En la carretera, foto realizada con la cámara MIDLAND

Cuando vuelvo a parar para reportar un señor en una Harley se pone a hablar conmigo, no le entiendo muy bien, pero decidimos ir juntos hasta la ciudad. Antes de elegir un hotelillo le hago una seña para parar y echar gasolina, viene conmigo, me dice algo que no entiendo pero que comprendo, me está preguntando si busco un hotel. Con él. Si claro, sin problema, le explico que de presupuesto tengo 50 dólares con desayuno. Le sigo hasta uno de los mil hoteles de carretera y se dirige a la recepción. Habla con la chica y le da dos llaves. Me giro y pregunto por mi habitación. Él me mira raro…en ese momento lo entiendo todo, joder! que yo no voy a dormir en la habitación con un señor que no conozco por muy motorista y dando la vuelta al mundo sin un duro que esté!.

EL harlysta y la bemeuvista

Declino su invitación, me pongo a preguntar por la mía y me dice que si cenamos juntos. En treinta minutos abajo, le digo. Se queda mirando, me dan una habitación al lado de la suya. No me gusta, cuando estoy a punto de entrar en el ascensor, hago un giro rápido de caderas y le dejo allí plantado, en el ascensor. Pido que me cambian de piso, él vuelve a salir del ascensor, joder que persecución, me pilla cambiando de habitación, eludo a la señal del internet que en la planta 1 es mejor que en la 3 y me deja en paz.

Carteles de casco requerido, disparada con mi cámara MIDLAND

Cuando bajo a recepción han cerrado el bar. Le indico que vayamos andando a algún lugar a cenar y me suelta que al Jonh in a Box, que es como un burguer, vamos, pillamos papeo (menos de 5 dólares la ensalada, debe ser radioactivo todo) y me vuelve a decir que si comemos en la habitación. Y dale. No, comemos en la recepción y luego cada mochuelo a su olivo. Me pregunta por la ruta de mañana y le digo que prefiero viajar sola. No se que ha pasado, ¿cuando metí la pata para que este señor creyera que iba a compartir habitación?? En fin.

Encuentros..

Salgo hacia la frontera, no me queda nada para llegar a Canadá, la emoción de pasar una aduana se va haciendo grande… Antes, decido parar a hacer una foto en un lugar que he visto un bonito cartel. En ese momento pasan dos motos y un Spyder. Paran al verme y me saludan. Me dicen que si me acuerdo de ellos, la verdad es que no. Pero decidimos ir a tomar un café, por el camino me estrujo el cerebro, pienso y traduzco cada una de las palabras que me han dicho cuando nos hemos visto.

Al rato caigo. Son la familia que compraron una moto en Los Angeles a Nick, el fotógrafo que me acogió. Son de Seattle, es verdad y de pura suerte, me los he encontrado. Nos reímos al solecito en una bonita terraza, hablo con las dos mujeres del Spyder y tras una hora larga, nos ponemos en marcha. ¡Que bueno encontrarse con gente así!!

En la frontera EEUU-CANADA

Estoy a unos metros de la frontera. Los coches y yo, hacemos largas filas para pasar entre las garitas. Cuando me toca me preguntan por las cámaras, ¿Estás grabando? No, miento. Miran mi pasaporte, la matrícula de la moto y me hacen las preguntas de rigor. Ya está. estoy en tierra Canadiense, ha sido mucho más fácil de lo que pensé.


Informacion adicional

  • -
Miércoles, 11 de Enero de 2012 16:39

La REO se separa

Querido amigo seguidor de la Ruta de los Exploradores Españoles Olvidados, ha llegado el momento de separar los caminos y dentro de unos días, Miquel estará rumbo a Nepal y yo a Australia. Espero que esto no sea un impedimento para continuar con nuestra colaboración, si no un aliciente más al multiplicar nuestros esfuerzos. Pero no nos hemos dicho adiós, es un "hasta luego" que se convertirá en un "hola" cuando nos volvamos a encontrar en EEUU para terminar como empezamos, juntos.

Informacion adicional

  • - Dentro de unos días, Miquel estará rumbo a Nepal y yo a Australia.

 Alicia Sornosa llega a la ciudad de Valdez acompañando a el escritor Miquel Silvestre junto con otros tres viajeros, que han querido homenajear el pasado explorador español.

Hace una semana que la periodista y viajera y su montura, una BMW F 650 GS, llegaron a la Isla de Tasmania, situada a 240 km al sur de Australia. Lo han hecho en un ferry llamado Spirit of Tasmania, el mismo que cogerán para volver a Melbourne y exprimir los últimos días en esta isla continente.

 La vuelta al Mundo en BMW continua

Viernes, 16 de Marzo de 2012 20:54

Alicia Sornosa sigue por Australia

Alicia Sornosa sigue su ruta por Australia y en esta ocasión nos ofrece el video de su recorrido por la Ocean Road, una carrterea que vá bordeando el Océno Atlántico con más de 500 kms. de recorrido.

Informacion adicional

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