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Si, ya lo se, es un viaje en moto. Pero hay veces que las cosas llevan su tiempo y traer la moto hasta Australia desde India sin pagar 4.000 euros (que es lo que me toca ahora para llegar a Argentina), se traduce en tiempo.

Como ya estaba un poco cansada del clima húmedo, el tráfico y la suciedad de Asia, me cogí un vuelo en cuanto Descubierta (mi BMW F65oGS) estuvo embarcada. Habéis podido ver cómo la he limpiado, la he empaquetado y como ha salido en barco. Ahora, la muy ladina está de crucero por el paradisíaco Océano Indico, mientras yo la añoro desde Australia. Aunque no me voy a a quejar, he hecho un bonito viaje en tren, de tres días y dos noches que me ha servido para darme cuenta de las distancias de este enorme país.
Un continente que se parece mucho a África, bueno a lo que conozco de ella. Pero con asfalto, semáforos y la gente educada (o acongojada con tanta norma). Una mezcla entre USA y algo más allá, más nuevo, más civilizado.

Os dejo con este vídeo, que seguro lo disfrutan más los peques que los mayores, yo me lo he pasado pipa haciéndolo.

Alicia Sornosa

Ruta de los exploradores españoles olvidados.

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Alicia Sornosa y Miquel Silvestre reanudan su viaje por todo el Mundo desde Alaska y nos presentan a amigos conocidos en este viaje que también están dando la vuelta al Mundo...

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Lunes, 08 de Octubre de 2012 19:09

La región donde no hay estrellas.

Los encuentros interesantes en esta región del norte del continente americano se están empezando a realizar. Hace unos días la periodista se entrevistaba con el famoso “bicilown”, Álvaro Neil, un español de Oviedo que en 2001 renunció a su trabajo en la notaria y decidió cambiar kilómetros por sonrisas. Desde entonces no se ha bajado de su bici dando su particular vuelta por el Mundo.

Lunes, 08 de Octubre de 2012 19:09

Alicia Sornosa desde Vancouver, Canadá

Alicia Sornosa desde Vancouver, Canadá.

Salgo en estos momentos hacia Alaska, de esta manera he cumplido parte de un sueño, ya que técnicamente soy la primera mujer española en dar la vuelta al Mundo en su moto, con más de 30.000 km en el contador.


Además, al cruzar la frontera de este frío país del norte, lo hago abanderando a todos los viajeros españoles, como Miquel Silvestre,
Fernando Quemada o Fabián C .Barrio que este año se han puesto en marcha, ya que ninguno ha llegado aún aquí.
Tras esto me queda regresar a USA y comenzar, tras el verano, la parte de recorrido de América del Sur y África para llegar por fin a España el año que viene.

Me gustaría que me ayudaras a  divulgar esto, que se entere la gente
de  que las españolas también somos valientes, que estamos ahí y que en viajes, hombres y mujeres somos iguales. También necesito un pequeño empujón en los medios para poder pedir algo más a los patrocinadores y así continuar con el viaje.

Si estás interesado en hacerme una entrevista ponte en contacto
conmigo a través de este correo y veremos cómo y dónde la hacemos.


Además, cuando llegue a Alaska me entrevistaré con otro gran viajero y aventurero, Álvaro, el biciclown, un hombre que lleva dando la vuelta al Mundo sobre su bicicleta y regalando sonrisas.

Un saludo, salgo ya!

Alicia Sornosa

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La triunfal llegada de Descubierta a EEUU

Ya llevo una semanita en Los Angeles y hoy que he tenido un poco de relax, me he puesto a pensar en todo lo que ha sucedido en este tiempo, esta semana que llevo aquí.  Lo primero fue mandar la moto en avión desde Melbourne, cosa que al principio me parecía complicadísima (mi nivel de ingles es pésimo aunque mejora) ya que tenía que negociar la tarifa de carga con un agente que por supuesto no hablaba en español. Desde España me ofrecieron ayuda y la acepté, aunque al final no llegó a cuajar si me abrió las puertas para conocer al que llamaré mi super-agente: Nick, de Melbourne.

A base de traductor on-line y advirtiendole desde el principio que negociaríamos por mail para mejor entendimiento (por teléfono no me entero y con el acento australiano menos), conseguí reducir la tarifa desde los 9 dólares/kilo hasta los 5,2, cosa que no está nada mal para ser la primera vez que negocio este tipo de cosas, sin nadie al lado que me eche una mano. Tras cerrar el trato con una compañía aérea australiana, volví a pedir ayuda. Necesitaba una caja y la manera de llevarla hasta la zona de carga de la compañía. Fue fácil, en el concesionario de BMW de Melbourne, me informaron unos buenos amigos de allí, las cajas las tiran o regalan. Ni corta ni perezosa (esta vez con un poco de ayuda de Phil, que ha sido como mi hermano en Melbourne) me planté en BMW para hablar con el jefe de servicio y pedirle el favor. Me lo concedió ipso-facto, la verdad que son encantadores en este país de las Antípodas.

Al día siguiente John (otro amigo de Phill y ya mío) me acompañó con su Ford pick-up a recoger la liviana caja desmontable de madera (base) y contrachapado (las paredes) de tan solo 68 kg, algo que después de utlizar las pesadas cajas de madera en Kenia e India, me parecía alucinante. Le seguí con mi moto hasta la nave donde me ayudó a desmontar el manillar y retrovisores y atarla a la base de madera. Peso total: 315 kg, con sus cajas llenas y todo, ¡genial!. Ahí se quedó mi Descubierta, en una caja de cartón, esperando a ser metida en la bodega de un avión. Hecha la transferencia saqué un billete en el mismo vuelo y tras 14 horas de viaje y un mail impreso con las instrucciones, puse los pies en USA.

La cosa la pintaban muy complicada, en casa de Daniel y Nicole (otros buenos amigos que dejo allí) habíamos investigado los papeles necesarios para hacer la importación temporal ya que el carnet de passage en EEUU no sirve de nada. Tenía que haber mandado una carta a la EPA con la noticia y datos de la temporal importación de mi moto con una semana de antelación y haber obtenido respuesta pero lo hacía con tres días de margen, nada más. Iba sin ese papel, que seguro me pedirían en aduanas y sin el cual, la moto la volverían a enviar a Australia o Canadá, pero en USA no iba a tocar el suelo.

Tras el largo viaje de 14 horas en el que me adelantaba en el tiempo al volar al revés que el movimiento de la tierra, el avión puso sus ruedas en suelo yanki. De llegadas internacional me dirigí a “customs” en un taxi. Cuando entré en el enorme edificio de una planta que estaba casi vacío, una máquina de tikets de “su turno” y cuatro ventanillas vacías me daban la bienvenida. Tragué saliva y recé por que me atendiera un hombre…

Nada más lejos de mis deseos, se acercaba una mujer, negra, grande y con pinta de mala leche hacía mi ventanilla. Volví a tragar saliva. Me temblaban las manos de los nervios y el gigantesco jet-lag que tenía encima en esos momentos. El corazón me latía deprisa, la mujer se dirigió a mi y no entendí un pimiento. Encima el idioma, me puse muy seria, casi no podía ni sonreír.  Como buenamente pude le expliqué que necesitaba un sello para sacar mi moto de la zona de carga del aereopuerto. Ella miraba una tabla de importaciones una y otra vez y yo me atreví a volver a explicar que estaba de paso, a enseñarle todos los papeles que tenía y a sacar el carnet de passage. Ella os miraba mientras descartaba la amarilla carpeta diciendo, “este documento no lo reconozco”.

Por enésima vez fui consciente de que tragaba saliva. Me miró y me dijo que la dejara trabajar en paz, que me sentara en una de las sillas-clones del fondo de a vacía sala y que eso de no saber qué hacer con mis papeles, era su problema y ella lo tenía que solucionar. ¿Su problema?, pensé, problema el mío como no le de la gana de sellarme el dichoso papel de salida. A los 5 minutos la impaciencia me comía y me acerqué de nuevo con todos los papeles a la ventanilla. La mujer me volvió a mandar a mi sitio. La he cagado, pensé de nuevo, ahora por idiota e impaciente me lo va a devolver todo. Me llamó, me soltó una charla que acababa en alguna pregunta. Mi cara de interrogación hacía que se desesperara por lo que llamó a una hispana con la que me entendí de maravilla. También se unió a la charla otro policía, este de origen asiático, que se interesó por mi viaje le di la dirección de mi web y se fue a mirarlo en el ordenador. Eso me daba ventaja, un hombre, una hispana y un ordenador. Bien!. La mujer americana seguía dale que te pego a los papeles, el ordenador y el teléfono.

Tras mandarme venir de nuevo a la ventanilla con un gesto de la mano y hacerme rellenar los mismos papeles que ya llevaba yo rellenos e impresos y por duplicado, me pregunta por una dirección postal, casi me pongo a llorar. pero respiré hondo de nuevo y en tres milésimas de segundo recordé los anteriores pasos fronterizos, lo de la dirección no sirve para nada, es un mero trámite, venga, échale morro. y casi sin pestañear le doy la dirección escrita en el mail del amigo del agente de Melbourne que me escribío las instrucciones con las posibles catástrofes de re-envío de mi moto a otro país si el papel de la EPA no llegaba a tiempo y se les cruzaba el cable en aduanas. Por fin veo que saca un sello, el asiático vuelve encantado con lo que ha visto en internet, la hispana me repite todo lo que la negra dice. Yo no oigo nada, solo veo los papeles en mis manos y el sello de la libertad. Cuando tengo todo en mi poder me permito el lujo de pedir que llamen un taxi para mi. Estoy salvada. Y me vuelvo hacia la poli, ¿Cuanto tengo que pagar?, Nada, me responde. Jum! me empieza a gustar este país.

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Como decíamos, Alicia Sornosa sigue con su vuelta al Mundo, solo que ésta vez le ha tocado pasar por encima del terremoto de Guatemala.

La viajera Alicia Sornosa ha vuelto a conseguir realizar un reto que se propuso el pasado mes de marzo en la isla de Tasmania (Australia), unir en el viaje los dos puntos del Mundo, el océano Antártico con el Ártico. Por fin lo ha conseguido.

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Lunes, 08 de Octubre de 2012 19:09

El comienzo del final de la primera parte

La viajera Alicia Sornosa y su BMW F650GS han comenzado la ruta hacia Alaska, tras tres semanas en la capital de British Columbia, en Canadá.

Viernes, 25 de Mayo de 2012 19:36

El otro color del oeste americano

De Arizona a ...

Llevo viajando desde septiembre de 2011 y me han pasado muchas cosas.
Algunas he sabido expresarlas con letras, mediante golpecitos de los dedos sobre el teclado, otras veces no he sido capaz y algunas no quería contar lo que realmente pasaba…cosas de cada uno.

Mi periplo por EEUU ha terminado por ahora. He llegado a Canadá y espero pacientemente un cambio de mis Continental TKC 80, que ya están gastadas. Mientras tanto, pienso en las últimas personas que conocí. Pienso en la parte del viaje de en el Grand Canyon.

Hacia la reserva India

Llegar hasta una reserva india en Colorado no es fácil, quiero decir que no es sencillo hacerlo en moto. Desde las Vegas puedes coger un helicóptero, que por menos de 120 dólares te lleva volando, te pasea por el aire entre las gigantes paredes del cañón y te devuelve a tu hotel en la ciudad de las luces de colores y los falsos edificios.

De pie se ven mejor los baches

Como digo, no es fácil llegar hasta esta parte del Cañón con la moto. La cosa empieza bien, un bonito paseo por carreteras de tercera, en una aburrida, firme y previsible línea recta. La montaña de piedra está al fondo, todo el rato. Parece que se aleja en vez de acercarse. Es un raro efecto óptico. De pronto un cruce, un cartel…llevaba más de tres kilómetros, según mi navegador, circulando por la nada. Veo el cartel, me hago la foto de rigor y… ¡desaparece el asfalto!

En la puerta del Grand Canyon

Es divertido, de pronto estoy de nuevo en África o mejor, en India. El montón de gravilla y tierra se acumula en finas bandas a ambos lados del trazado. Me pongo de pie sobre las estriberas y procuro no meterme entre estas suaves líneas donde las piedrecitas escasean. No me apetece caer al suelo pero la rueda de detrás patina mucho y eso que este es el lado “limpio”.
_Esto es una tontería, pienso, mira que si me caigo aquí en medio de este camino sin asfaltar_

Continúo, quedan unas 20 millas para llegar a la reserva, la cosa promete. Subidas, bajadas y curvas reviradas en una pista ancha, pero llena de la maldita gravilla. Comienzan a adelantarme unos coches, me dejan una bonita nube de polvo, no veo ni torta. Ahora entiendo no ver ninguna moto más en el camino, con una Harley ir por aquí es imposible.

EL Grand Canyon

Tras 30 minutos largos de pista, llego al asfalto. Al fondo veo un guardia, antes de llegar a él, leo un cartel:
“no alcohol, no armas” (Glup)
Paso la primera barrera con un nuevo asfalto bajo mis ruedas. Me indican donde aparcar en una enorme esplanada de asfalto, rodeado de helicópteros que despegan y aterrizan constantemente. Al fondo una gran carpa blanca. Esto me empieza a no gustar.

Indio de la reserva

Me indican que tengo que pasar por el “centro de visitantes”, toma ya, esto es USA. El centro dispone de restaurante, tiendas y unos enormes mostradores para sacar el ticket. Dependiendo de la modalidad de tu recorrido pagas desde 47 a 180 dólares, elijo el más barato y me suben a un autobús, “nonono”, esto no lo tenía yo pensado así.

El río Colorado

El bus hace tres paradas. En la primera ves “el águila” que si, lo ves y “el perro dormido” que no, no lo ves (y mira que yo he jugado a ver cosas con las nubes). En la segunda puedes pagar más para pasear sobre una terraza suspendida en el aire con el suelo de cristal, pero no puedes entrar ni con el móvil, por lo que te hacen ellos la foto que tú luego incauto bolsillo andante, pagas.
Increíble el paisaje, el Cañón, el río y las terracitas con papeo que ofrecen al turista. En la tercera parada, un precioso meandro con unas vistas increíbles, donde da más vértigo asomarse de todo el recorrido. En esos moentos te das cuenta de cómo debió ser esto. Por el río, como hormigas, se ven unas canoas (eso si me gusta).

Helicóptero de la TV

De pronto nos echan de allí, dos vigilantes nos piden que abandonemos el lugar, vienen unos de TV a grabar un spot, con helicóptero, cámaras, vestuario… Subo al autobús, por cierto, todos me miran raro desde que llegué a este lugar. Por fin averiguo de qué es: mis pantalones de la moto. Me lo preguntan unos chinos, luego el vigilante del parking de autobuses, ¿se extrañan al no verme en vaqueros?.. jajaja, creando tendencia en los “yueseis”. Tras las risitas con los chinos, me pongo a pensar. Recuperar los 47 dólares puede estar bien…
De vuelta al centro de visitantes me paso por las cajas. Me voy a quejar de no poder pasar le tiempo que necesitaba para ver la última visita, la del meandro. Me devuelven el dinero (sin las tasas, eso si) para estas cosas me encanta EEUU.

En la pista saliendo de la reserva india

Cojo mi moto y vuelta a tragar polvo, ahora me adelantan varios gigantescos 4×4 pick-up y un autobús. Tengo que parar hasta que baje la nube de polvo, no veo nada. Cuando estoy más concentrada en mi conducción, oigo un coche que se pone al lado y grita:
_ ¿Españolaaa?_ tan solo puedo asistir con la cabeza.
Es un grupo de amigos que me esperan a la salida de la pista. Van con un 4×4 y dos Harleys que han dejado allí. Me uno al grupo. Antonio, que viene conmigo, también. Decidimos ir a tomar unas cañas, pero es imposible no hay alcohol en este pueblo. Al día siguiente salgo con ellos para hacer la Ruta 66.

Aaliendo de Colorado, Nevada

Antonio es un buen amigo, nos conocemos desde hace años y hemos coincidido en EEUU, ha tenido el detalle de acercarse hasta donde yo estaba y hacerme unas cuantas fotos por el camino. El grupo de gente que he conocido me acompañan por un tramo de la Ruta 66 son geniales, andaluces, un mallorquín y un suizo afincado en España. Charlamos del viaje, de su encuentro, de trabajo… Y me dejan con la boca abierta. Se ofrecen para echarme una mano en el viaje de vuelta a EEUU, cuando regrese de Alaska.

Grupo de amigos españoles en plena Ruta 66

Estas cosas son las que me hacen ver que la gente es buena, que las personas estamos siempre dispuestas a ayudar, que no nos importa mojarnos en las cosas que nos dan vida, en lo que nos gusta…y que ayudar a cumplir sueños es casi como cumplirlos nosotros mismos. Pero toda la buena compañía se acaba marchando y así sucedió.
De pronto estábamos mi amiga sombra y yo de nuevo en la carretera.

Monument Valley

Llegar al Valle Monumental o Monument Valley, te vuelve a dejar con la boca abierta (menos mal que en esta época no hay moscas). Es increíble lo que la naturaleza ha formado durante miles de años, creo que no somos conscientes encerrados en nuestras ciudades, de lo que tenemos alrededor. Tras rectas interminables me adentro entre las enormes rocas esculpidas por Eolo.

No me extraña que los indios Apaches creyeran que este lugar es sagrado, lo es. Pero mi primera mala noticia llega enseguida, aparco en el hotel y me dicen que no se vende ni bebe alcohol en todo el valle. Adiós a mis cervecillas nocturnas. Al día siguiente decido hacerme unos buenos 500 km, mínimo de camino, tengo que cruzar tierras desérticas y puebluchos olvidados. Aquí sufro el primer susto gordo desde que estoy viajando sola.

Otro paisaje de Monument

Me encuentro en una recta en medio de la nada. Nada a la derecha, nada a la izquierda, solo polvo tierra y alguna piedra medio pulverizada por los cambios de temperatura, el calor y el viento. Voy sentada, escuchando música por el comunicador de mi casco de BMW. De vez en cuando me pasa algún camión gigante, un todo terreno gigante o un coche gigante. Aquí, todo es grande. El viento comienza a soplar y noto como la moto reduce su potencia, creo que es del viento. Reduzco el puño, acelero y cuando llego a 3.000 r.p,m un nuevo tirón, esto no es del viento. Repito la operación controlando la aguja de las revoluciones, efectivamente, a tres mil la moto se “ahoga”. Paro en el arcén. Apago el motor. Arranco y en punto muerto acelero. No pasa nada, todo bien. Monto y salgo. cuando paso a tercera, sucede de nuevo, el tirón y la pérdida de potencia. Me empiezo a acojonar, no es muy pronto y hace un buen rato que no pasa ni el Tato. Paro, huelo, reviso todos los cables con la linterna, compruebo que no haya nada suelto. Abro el depósito, muevo la moto, tengo gasolina. La muevo un poco más. Arranco y subo. Todo OK. Uff…

En ese momento medio para un coche, me pregunta si todo OK con un movimiento de la mano, le digo que si, me adelanta, lleva una moto en el remolque. Benditas dos ruedas!
La cuestión es que pensando me doy cuanta de la cagada del día anterior. Aquí los boquereles de la gasolina son negros, el diesel verde, al revés que en Europa. Cogí el verde y derramé unas gotas en el depósito antes de darme cuenta de que era gasoil. Bueno, ya pasó. Me acababa de dar cuenta lo que supone realmente ir sola, estar sin nadie, sin cobertura, sin …

Adiós Monument Valley

Despierto temprano, quiero llegar a Yellowston Park. Hace mucho frío y no tengo la ropa adecuada, hasta 13 grados resisto bien, pero luego…empiezo a tiritar. El parque está más lejos de lo que creía. Las montañas llenas de nieve. La temperatura baja. Llego a una carreterilla de acceso al parque, están en obras, no abrirán el paso hasta dentro de dos horas…decido irme. Lo puedo ver a la vuelta…o será un lugar para visitar después del viaje. Muchas veces hay que sacrificar lo que queremos ver si la premura es el llegar.

Una Menina de Piedra

Paro a repostar y miro un mapa, quiero llegar a Spanish Fork, un pueblecillo entre las blancas montañas y al lado de un río. El nombre del pueblo “tenedor español” me hace gracia, está en la parte alta de un valle rodeado de cumbres blancas con un río de fuerte corriente y agua clara. Llego casi cuando cae el sol. No me gusta conducir de noche. Estoy cansada, ceno, bebo y me voy a dormir. Al día siguiente el sol brilla, ¡menos mal! me queda Oregón con sus campos y vacas y un paso de montaña, quiero dormir esta vez en Seattle.

En la carretera, foto realizada con la cámara MIDLAND

Cuando vuelvo a parar para reportar un señor en una Harley se pone a hablar conmigo, no le entiendo muy bien, pero decidimos ir juntos hasta la ciudad. Antes de elegir un hotelillo le hago una seña para parar y echar gasolina, viene conmigo, me dice algo que no entiendo pero que comprendo, me está preguntando si busco un hotel. Con él. Si claro, sin problema, le explico que de presupuesto tengo 50 dólares con desayuno. Le sigo hasta uno de los mil hoteles de carretera y se dirige a la recepción. Habla con la chica y le da dos llaves. Me giro y pregunto por mi habitación. Él me mira raro…en ese momento lo entiendo todo, joder! que yo no voy a dormir en la habitación con un señor que no conozco por muy motorista y dando la vuelta al mundo sin un duro que esté!.

EL harlysta y la bemeuvista

Declino su invitación, me pongo a preguntar por la mía y me dice que si cenamos juntos. En treinta minutos abajo, le digo. Se queda mirando, me dan una habitación al lado de la suya. No me gusta, cuando estoy a punto de entrar en el ascensor, hago un giro rápido de caderas y le dejo allí plantado, en el ascensor. Pido que me cambian de piso, él vuelve a salir del ascensor, joder que persecución, me pilla cambiando de habitación, eludo a la señal del internet que en la planta 1 es mejor que en la 3 y me deja en paz.

Carteles de casco requerido, disparada con mi cámara MIDLAND

Cuando bajo a recepción han cerrado el bar. Le indico que vayamos andando a algún lugar a cenar y me suelta que al Jonh in a Box, que es como un burguer, vamos, pillamos papeo (menos de 5 dólares la ensalada, debe ser radioactivo todo) y me vuelve a decir que si comemos en la habitación. Y dale. No, comemos en la recepción y luego cada mochuelo a su olivo. Me pregunta por la ruta de mañana y le digo que prefiero viajar sola. No se que ha pasado, ¿cuando metí la pata para que este señor creyera que iba a compartir habitación?? En fin.

Encuentros..

Salgo hacia la frontera, no me queda nada para llegar a Canadá, la emoción de pasar una aduana se va haciendo grande… Antes, decido parar a hacer una foto en un lugar que he visto un bonito cartel. En ese momento pasan dos motos y un Spyder. Paran al verme y me saludan. Me dicen que si me acuerdo de ellos, la verdad es que no. Pero decidimos ir a tomar un café, por el camino me estrujo el cerebro, pienso y traduzco cada una de las palabras que me han dicho cuando nos hemos visto.

Al rato caigo. Son la familia que compraron una moto en Los Angeles a Nick, el fotógrafo que me acogió. Son de Seattle, es verdad y de pura suerte, me los he encontrado. Nos reímos al solecito en una bonita terraza, hablo con las dos mujeres del Spyder y tras una hora larga, nos ponemos en marcha. ¡Que bueno encontrarse con gente así!!

En la frontera EEUU-CANADA

Estoy a unos metros de la frontera. Los coches y yo, hacemos largas filas para pasar entre las garitas. Cuando me toca me preguntan por las cámaras, ¿Estás grabando? No, miento. Miran mi pasaporte, la matrícula de la moto y me hacen las preguntas de rigor. Ya está. estoy en tierra Canadiense, ha sido mucho más fácil de lo que pensé.


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