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Lunes, 08 de Octubre de 2012 19:09

Traspasando estados

Tras la llegada de la periodista Alicia Sornosa al estado de California, hace ya dos semanas y viajar con su BMW F650 GS de Los Ángeles a San Francisco (California), la madrileña ha continuado su camino para visitar los espectaculares Parques Nacionales de esta región, como el de Yosemite y Sequoya. De California pasó a Nevada para visitar la increíble ciudad del juego de Las Vegas, la tremenda obra arquitectónica de la Hoover Dam y continuar su camino hacia  otro Parque Nacional, el del Grand Canyon.

Martes, 20 de Noviembre de 2012 21:57

Alicia Sornosa pasó por Puerto Rico

Alicia Sornosa continúa su vuelta al Mundo y en esta ocasión nos habla desde Puerto Rico donde los de BMW le ofrecieron la posibilidad de exponer su viaje y le brindaron todo tipo de ayuda.

Este es el video que nos envia desde allí...

Jueves, 15 de Noviembre de 2012 18:55

Alicia Sornosa ya está en Panamá

Pues Alicia ya ha llegado a Panamá y parece ser que le gusta este país, pero debe continuar su vuelta y media al Mundo, así que en este video no dice cual será el próximo viaje...

Si, ya lo se, es un viaje en moto. Pero hay veces que las cosas llevan su tiempo y traer la moto hasta Australia desde India sin pagar 4.000 euros (que es lo que me toca ahora para llegar a Argentina), se traduce en tiempo.

Como ya estaba un poco cansada del clima húmedo, el tráfico y la suciedad de Asia, me cogí un vuelo en cuanto Descubierta (mi BMW F65oGS) estuvo embarcada. Habéis podido ver cómo la he limpiado, la he empaquetado y como ha salido en barco. Ahora, la muy ladina está de crucero por el paradisíaco Océano Indico, mientras yo la añoro desde Australia. Aunque no me voy a a quejar, he hecho un bonito viaje en tren, de tres días y dos noches que me ha servido para darme cuenta de las distancias de este enorme país.
Un continente que se parece mucho a África, bueno a lo que conozco de ella. Pero con asfalto, semáforos y la gente educada (o acongojada con tanta norma). Una mezcla entre USA y algo más allá, más nuevo, más civilizado.

Os dejo con este vídeo, que seguro lo disfrutan más los peques que los mayores, yo me lo he pasado pipa haciéndolo.

Alicia Sornosa

Ruta de los exploradores españoles olvidados.

Informacion adicional

  • -
Viernes, 25 de Mayo de 2012 19:36

El otro color del oeste americano

De Arizona a ...

Llevo viajando desde septiembre de 2011 y me han pasado muchas cosas.
Algunas he sabido expresarlas con letras, mediante golpecitos de los dedos sobre el teclado, otras veces no he sido capaz y algunas no quería contar lo que realmente pasaba…cosas de cada uno.

Mi periplo por EEUU ha terminado por ahora. He llegado a Canadá y espero pacientemente un cambio de mis Continental TKC 80, que ya están gastadas. Mientras tanto, pienso en las últimas personas que conocí. Pienso en la parte del viaje de en el Grand Canyon.

Hacia la reserva India

Llegar hasta una reserva india en Colorado no es fácil, quiero decir que no es sencillo hacerlo en moto. Desde las Vegas puedes coger un helicóptero, que por menos de 120 dólares te lleva volando, te pasea por el aire entre las gigantes paredes del cañón y te devuelve a tu hotel en la ciudad de las luces de colores y los falsos edificios.

De pie se ven mejor los baches

Como digo, no es fácil llegar hasta esta parte del Cañón con la moto. La cosa empieza bien, un bonito paseo por carreteras de tercera, en una aburrida, firme y previsible línea recta. La montaña de piedra está al fondo, todo el rato. Parece que se aleja en vez de acercarse. Es un raro efecto óptico. De pronto un cruce, un cartel…llevaba más de tres kilómetros, según mi navegador, circulando por la nada. Veo el cartel, me hago la foto de rigor y… ¡desaparece el asfalto!

En la puerta del Grand Canyon

Es divertido, de pronto estoy de nuevo en África o mejor, en India. El montón de gravilla y tierra se acumula en finas bandas a ambos lados del trazado. Me pongo de pie sobre las estriberas y procuro no meterme entre estas suaves líneas donde las piedrecitas escasean. No me apetece caer al suelo pero la rueda de detrás patina mucho y eso que este es el lado “limpio”.
_Esto es una tontería, pienso, mira que si me caigo aquí en medio de este camino sin asfaltar_

Continúo, quedan unas 20 millas para llegar a la reserva, la cosa promete. Subidas, bajadas y curvas reviradas en una pista ancha, pero llena de la maldita gravilla. Comienzan a adelantarme unos coches, me dejan una bonita nube de polvo, no veo ni torta. Ahora entiendo no ver ninguna moto más en el camino, con una Harley ir por aquí es imposible.

EL Grand Canyon

Tras 30 minutos largos de pista, llego al asfalto. Al fondo veo un guardia, antes de llegar a él, leo un cartel:
“no alcohol, no armas” (Glup)
Paso la primera barrera con un nuevo asfalto bajo mis ruedas. Me indican donde aparcar en una enorme esplanada de asfalto, rodeado de helicópteros que despegan y aterrizan constantemente. Al fondo una gran carpa blanca. Esto me empieza a no gustar.

Indio de la reserva

Me indican que tengo que pasar por el “centro de visitantes”, toma ya, esto es USA. El centro dispone de restaurante, tiendas y unos enormes mostradores para sacar el ticket. Dependiendo de la modalidad de tu recorrido pagas desde 47 a 180 dólares, elijo el más barato y me suben a un autobús, “nonono”, esto no lo tenía yo pensado así.

El río Colorado

El bus hace tres paradas. En la primera ves “el águila” que si, lo ves y “el perro dormido” que no, no lo ves (y mira que yo he jugado a ver cosas con las nubes). En la segunda puedes pagar más para pasear sobre una terraza suspendida en el aire con el suelo de cristal, pero no puedes entrar ni con el móvil, por lo que te hacen ellos la foto que tú luego incauto bolsillo andante, pagas.
Increíble el paisaje, el Cañón, el río y las terracitas con papeo que ofrecen al turista. En la tercera parada, un precioso meandro con unas vistas increíbles, donde da más vértigo asomarse de todo el recorrido. En esos moentos te das cuenta de cómo debió ser esto. Por el río, como hormigas, se ven unas canoas (eso si me gusta).

Helicóptero de la TV

De pronto nos echan de allí, dos vigilantes nos piden que abandonemos el lugar, vienen unos de TV a grabar un spot, con helicóptero, cámaras, vestuario… Subo al autobús, por cierto, todos me miran raro desde que llegué a este lugar. Por fin averiguo de qué es: mis pantalones de la moto. Me lo preguntan unos chinos, luego el vigilante del parking de autobuses, ¿se extrañan al no verme en vaqueros?.. jajaja, creando tendencia en los “yueseis”. Tras las risitas con los chinos, me pongo a pensar. Recuperar los 47 dólares puede estar bien…
De vuelta al centro de visitantes me paso por las cajas. Me voy a quejar de no poder pasar le tiempo que necesitaba para ver la última visita, la del meandro. Me devuelven el dinero (sin las tasas, eso si) para estas cosas me encanta EEUU.

En la pista saliendo de la reserva india

Cojo mi moto y vuelta a tragar polvo, ahora me adelantan varios gigantescos 4×4 pick-up y un autobús. Tengo que parar hasta que baje la nube de polvo, no veo nada. Cuando estoy más concentrada en mi conducción, oigo un coche que se pone al lado y grita:
_ ¿Españolaaa?_ tan solo puedo asistir con la cabeza.
Es un grupo de amigos que me esperan a la salida de la pista. Van con un 4×4 y dos Harleys que han dejado allí. Me uno al grupo. Antonio, que viene conmigo, también. Decidimos ir a tomar unas cañas, pero es imposible no hay alcohol en este pueblo. Al día siguiente salgo con ellos para hacer la Ruta 66.

Aaliendo de Colorado, Nevada

Antonio es un buen amigo, nos conocemos desde hace años y hemos coincidido en EEUU, ha tenido el detalle de acercarse hasta donde yo estaba y hacerme unas cuantas fotos por el camino. El grupo de gente que he conocido me acompañan por un tramo de la Ruta 66 son geniales, andaluces, un mallorquín y un suizo afincado en España. Charlamos del viaje, de su encuentro, de trabajo… Y me dejan con la boca abierta. Se ofrecen para echarme una mano en el viaje de vuelta a EEUU, cuando regrese de Alaska.

Grupo de amigos españoles en plena Ruta 66

Estas cosas son las que me hacen ver que la gente es buena, que las personas estamos siempre dispuestas a ayudar, que no nos importa mojarnos en las cosas que nos dan vida, en lo que nos gusta…y que ayudar a cumplir sueños es casi como cumplirlos nosotros mismos. Pero toda la buena compañía se acaba marchando y así sucedió.
De pronto estábamos mi amiga sombra y yo de nuevo en la carretera.

Monument Valley

Llegar al Valle Monumental o Monument Valley, te vuelve a dejar con la boca abierta (menos mal que en esta época no hay moscas). Es increíble lo que la naturaleza ha formado durante miles de años, creo que no somos conscientes encerrados en nuestras ciudades, de lo que tenemos alrededor. Tras rectas interminables me adentro entre las enormes rocas esculpidas por Eolo.

No me extraña que los indios Apaches creyeran que este lugar es sagrado, lo es. Pero mi primera mala noticia llega enseguida, aparco en el hotel y me dicen que no se vende ni bebe alcohol en todo el valle. Adiós a mis cervecillas nocturnas. Al día siguiente decido hacerme unos buenos 500 km, mínimo de camino, tengo que cruzar tierras desérticas y puebluchos olvidados. Aquí sufro el primer susto gordo desde que estoy viajando sola.

Otro paisaje de Monument

Me encuentro en una recta en medio de la nada. Nada a la derecha, nada a la izquierda, solo polvo tierra y alguna piedra medio pulverizada por los cambios de temperatura, el calor y el viento. Voy sentada, escuchando música por el comunicador de mi casco de BMW. De vez en cuando me pasa algún camión gigante, un todo terreno gigante o un coche gigante. Aquí, todo es grande. El viento comienza a soplar y noto como la moto reduce su potencia, creo que es del viento. Reduzco el puño, acelero y cuando llego a 3.000 r.p,m un nuevo tirón, esto no es del viento. Repito la operación controlando la aguja de las revoluciones, efectivamente, a tres mil la moto se “ahoga”. Paro en el arcén. Apago el motor. Arranco y en punto muerto acelero. No pasa nada, todo bien. Monto y salgo. cuando paso a tercera, sucede de nuevo, el tirón y la pérdida de potencia. Me empiezo a acojonar, no es muy pronto y hace un buen rato que no pasa ni el Tato. Paro, huelo, reviso todos los cables con la linterna, compruebo que no haya nada suelto. Abro el depósito, muevo la moto, tengo gasolina. La muevo un poco más. Arranco y subo. Todo OK. Uff…

En ese momento medio para un coche, me pregunta si todo OK con un movimiento de la mano, le digo que si, me adelanta, lleva una moto en el remolque. Benditas dos ruedas!
La cuestión es que pensando me doy cuanta de la cagada del día anterior. Aquí los boquereles de la gasolina son negros, el diesel verde, al revés que en Europa. Cogí el verde y derramé unas gotas en el depósito antes de darme cuenta de que era gasoil. Bueno, ya pasó. Me acababa de dar cuenta lo que supone realmente ir sola, estar sin nadie, sin cobertura, sin …

Adiós Monument Valley

Despierto temprano, quiero llegar a Yellowston Park. Hace mucho frío y no tengo la ropa adecuada, hasta 13 grados resisto bien, pero luego…empiezo a tiritar. El parque está más lejos de lo que creía. Las montañas llenas de nieve. La temperatura baja. Llego a una carreterilla de acceso al parque, están en obras, no abrirán el paso hasta dentro de dos horas…decido irme. Lo puedo ver a la vuelta…o será un lugar para visitar después del viaje. Muchas veces hay que sacrificar lo que queremos ver si la premura es el llegar.

Una Menina de Piedra

Paro a repostar y miro un mapa, quiero llegar a Spanish Fork, un pueblecillo entre las blancas montañas y al lado de un río. El nombre del pueblo “tenedor español” me hace gracia, está en la parte alta de un valle rodeado de cumbres blancas con un río de fuerte corriente y agua clara. Llego casi cuando cae el sol. No me gusta conducir de noche. Estoy cansada, ceno, bebo y me voy a dormir. Al día siguiente el sol brilla, ¡menos mal! me queda Oregón con sus campos y vacas y un paso de montaña, quiero dormir esta vez en Seattle.

En la carretera, foto realizada con la cámara MIDLAND

Cuando vuelvo a parar para reportar un señor en una Harley se pone a hablar conmigo, no le entiendo muy bien, pero decidimos ir juntos hasta la ciudad. Antes de elegir un hotelillo le hago una seña para parar y echar gasolina, viene conmigo, me dice algo que no entiendo pero que comprendo, me está preguntando si busco un hotel. Con él. Si claro, sin problema, le explico que de presupuesto tengo 50 dólares con desayuno. Le sigo hasta uno de los mil hoteles de carretera y se dirige a la recepción. Habla con la chica y le da dos llaves. Me giro y pregunto por mi habitación. Él me mira raro…en ese momento lo entiendo todo, joder! que yo no voy a dormir en la habitación con un señor que no conozco por muy motorista y dando la vuelta al mundo sin un duro que esté!.

EL harlysta y la bemeuvista

Declino su invitación, me pongo a preguntar por la mía y me dice que si cenamos juntos. En treinta minutos abajo, le digo. Se queda mirando, me dan una habitación al lado de la suya. No me gusta, cuando estoy a punto de entrar en el ascensor, hago un giro rápido de caderas y le dejo allí plantado, en el ascensor. Pido que me cambian de piso, él vuelve a salir del ascensor, joder que persecución, me pilla cambiando de habitación, eludo a la señal del internet que en la planta 1 es mejor que en la 3 y me deja en paz.

Carteles de casco requerido, disparada con mi cámara MIDLAND

Cuando bajo a recepción han cerrado el bar. Le indico que vayamos andando a algún lugar a cenar y me suelta que al Jonh in a Box, que es como un burguer, vamos, pillamos papeo (menos de 5 dólares la ensalada, debe ser radioactivo todo) y me vuelve a decir que si comemos en la habitación. Y dale. No, comemos en la recepción y luego cada mochuelo a su olivo. Me pregunta por la ruta de mañana y le digo que prefiero viajar sola. No se que ha pasado, ¿cuando metí la pata para que este señor creyera que iba a compartir habitación?? En fin.

Encuentros..

Salgo hacia la frontera, no me queda nada para llegar a Canadá, la emoción de pasar una aduana se va haciendo grande… Antes, decido parar a hacer una foto en un lugar que he visto un bonito cartel. En ese momento pasan dos motos y un Spyder. Paran al verme y me saludan. Me dicen que si me acuerdo de ellos, la verdad es que no. Pero decidimos ir a tomar un café, por el camino me estrujo el cerebro, pienso y traduzco cada una de las palabras que me han dicho cuando nos hemos visto.

Al rato caigo. Son la familia que compraron una moto en Los Angeles a Nick, el fotógrafo que me acogió. Son de Seattle, es verdad y de pura suerte, me los he encontrado. Nos reímos al solecito en una bonita terraza, hablo con las dos mujeres del Spyder y tras una hora larga, nos ponemos en marcha. ¡Que bueno encontrarse con gente así!!

En la frontera EEUU-CANADA

Estoy a unos metros de la frontera. Los coches y yo, hacemos largas filas para pasar entre las garitas. Cuando me toca me preguntan por las cámaras, ¿Estás grabando? No, miento. Miran mi pasaporte, la matrícula de la moto y me hacen las preguntas de rigor. Ya está. estoy en tierra Canadiense, ha sido mucho más fácil de lo que pensé.


Informacion adicional

  • -

Camino a Dempster, casi 1.500 kms. de ruta para llegar al Círculo Polar Artico.


Miércoles, 12 de Diciembre de 2012 22:48

Alicia Sornosa: el dia que salí de Cali. (UFF!!)

En el Taller de Nando, apretamos la cadena y endurecimos la precarga de la direccción (ahora no llego casi al suelo, lo que me está dando problemillas).

En la primera gasolinera rellené el tanque y me dispuse a disfrutar de unas largas rectas entre campos de caña y maíz. Precioso, el sol lucía y en mi casco escuchaba a Radio Head. Pero antes de llegar a Popayán comenzaron a suceder cosas. Tal vez por que iba pensando en nada, tal vez por que no escuchaba un abejorro ensordecedor delante, o detrás. Tal vez … la cuestión es que de pronto la carretera estaba cortada, una larga hilera de autobuses uno detrás de otro esperaban pacientes a poder continuar por su carril, parecían elefantes atados de trompa a cola, gigantescos, impasibles, mientras las pequeñas motos como avispas zumbaban entre ellos, avanzando paralelas a la ristra de elefantes esperando su turno. Yo no iba a ser menos avispa, y aunque más bien parezco una abeja cargada de polen, subí la carretera al lado de los gigantes, varios kilómetros de atasco.


De pronto se confunden los que suben con los que bajan y la carretera se colapsa. No queda asfalto para continuar subiendo, pero miro a mi derecha y veo que el arcén de hierba está despejado. Ante la atónita mirada del vendedor de maíz asado, paso y acelero, en un momento estoy 300 metros por delante del tapón. Paro a preguntar qué es lo que está pasando:
” Los indigenas, que se quejan al gobierno han tapado la carretera atravesando unas mulas (camiones) y poniendo piedras para que no pasemos", me comenta un conductor de camión con brakets en los dientes y una divertida sonrisa; ahí nadie está enfadado. Pregunto si tienen razón, si esas tierras que reclaman los indios son de ellos…nadie me contesta con claridad, tienen miedo a decir lo que piensan.

Continúo entre los camiones, vendedores ambulantes que hacen de esta protesta su pequeño día de negocio.
"llevamos aquí desde las siete de la mañana (son las once), y no nos hemos movido aún, te vá a tocar esperar", me dice otro al paso lento de mi Descubierta.
Por fin y tras casi atropellar a unos cuantos despistados por el verde arcén, llego a primera línea donde un policía levanta la mano y me hace la señal de “pare”. Me miran con curiosidad y me preguntan que dónde voy. El enjambre de motos-avispa está deseando salir zumbando. Tras unos minutos, por fin, un policía se sube a otra de las avispas con una luz azul y dice que le sigamos. Comenzamos a subir el puerto esquivando hogueras y piedras, el poli no pasa de 60 km/h, todos estamos impacientes por adelantarle, miro por el retrovisor y los camiones-elefante se acercan poco a poco. Al rato, todos empiezan a adelantar al poli, yo: “donde fueres haz lo que vieres” y le dejo allí hasta que desaparece de mi espejo.

Cuando creo que ya ha terminado todo me encuentro de nuevo en otra “emboscada”: furgonetas blindadas del ejército, unas con una pala a modo de quita-nieves, otras llenas de soldados. Me vuelven a detener y me piden (de no muy buenos modos) que me orille. Yo refunfuño diciendo entre dientes que mi abeja cargada de polen no es tan fácil de mover como las nerviosas avispas. grrrr. Me echo a un lado y veo como trabaja la pala quita-nieves que se ha convertido en pala quita-piedras gigantes. Al rato, volvemos a salir. A los pocos metros, otro obstáculo más. Esta vez es un enorme trailer con las ruedas, las doce, pinchadas, entre un hueco y otro, consigo que con la ayuda de un policía, que mi moto pase sin atascarse. Le pregunto que si hay más barricadas, me dice que ésta era la última; al preguntar de nuevo por el tema estrella “las tierras que reclaman los indígenas” obtengo una sonrisa por respuesta.


Entre hogueras, piedras sueltas y barro seco continúo subiendo el puerto. Las casas de colores, los gallos y gallinas en el arcén, los campos de cultivo en escalera, el verde y las palemras me recuerdan a los puertos etíopes. De pronto un cartel que avisa que el firme no es muy firme, me pone en alerta, toca hacer off road, cada 300 metros el asfalto desaparece durante otros tantos metros. Otros, hay escalones invisibles que me hacen cerrar la boca de golpe, otros son agujeros profundos como pozos. Así, entretenida voy haciendo kilómetros.

Llego a Popayan y le digo a mi fiel GPS que me lleve a ver la catedral, pero está tan despistado como yo y me mete por un barrio humilde, con callejuelas con “topes” que cada vez que paso sobre ellos y oigo el “clon” del guarda-cárter me da una rabia.. Al final, una calle que según GPS tiene salida, está cortada. Tengo que dar la vuelta, aprovecho una rampa de azulejos y…plas! al suelo. Ahora con la suspensión más dura va muy bien, pero no llego al suelo y si hay una inclinación del suelo… Pido ayuda a unos muchachos que no me hacen ni caso y un señor de una casa, en calzoncillos, sale para ayudarme. Me dice que me vaya de ahí, que me pueden robar (ja! a quien se lleve mi moto sin caerse, le doy un premio, pienso descarada para mis adentros). He perdido mucho tiempo, ya no veo la catedral y me voy rumbo a Pasto.
Tras subir y bajar otros pequeños puertos llego a un peaje, Lo bueno de Colombia es que las motos no paga; lo malo, es que hay que pasar por un estrecho pasillo entre muretes. Ya lo veía yo viendo desde hace unos días y como hoy tengo el día tonto que echo de menos al abejorro veloz que me acompaña, voy escuchando a Rafio Head y estoy en fase de “tal vez”, pues me despisto y una de las maletas golpea a mi paso contra el muro , me atasco y se me cae la moto hacia la derecha. La pierna se queda atrapada, pero no mucho, gracias a mis maletas de SW-Motech que me montó 2TMoto, el hueco es suficiente para que no me aplaste. Pido ayuda a los de la garita del peaje que hacen caso omiso. Al final viene un chico hablando por el móvil, tranquilamente.
  Oye, le digo, que tengo la pierna aplastada, ayuda hombre!;   deja el móvil.
El viene tranquilo, cuelga, sonrie y me ayuda a desencajar la moto a la vez que me dice:
"despasio, que ahí se puede volver a dar usté".
Pues nada, continúo camino y veo como en una hora no queda sol. Me paran los militares tras una hora de curvas. Parece que por fin llegan las rectas, estoy en un llano, pero esto está alto (lo sé por los árboles).
-"De donde viene usté?
_De España_
_Cuánto tiempo lleva en la moto?
_Un año y dos meses_
_¿Va sola? He visto otras motos como ésta pero siempre varias juntas, nunca una mujer sola ... ¿No tiene miedo?
_Si, voy sola, no, no tengo miedo, ¿No están ustedes para protegerme en el camino? pues eso, de miedo nada.
El militar satisfecho por el cumplido me deja ir, no quiero que se me haga de noche, pero va a ser inevitable.
Y de nuevo comienzo a subir un puerto, la noche se abalanza unos minutos antes sobre el paisaje gracias a unas nubes negras que comienzan a descargar. Menos mal que llevo el traje de agua encima, que ya me lo imaginaba yo esto. Sigo escuchando a Radio Head (debo llevar mil veces escuchado este LP) sigo pensando en el abejorro que no aparece por ningún lado ya. Sigo con mis tal vez en la cabeza.
Subo, bajo, subo y bajo, curva cerrada a la derecha, a la izquierda, curva tipo rotonda, curva de tercera amplia…voy mirando el GPS que de ponto le dá por apagarse y encenderse solo. Mi media es de 40 km/h, adelanto a los camiones que durante unos segundos alumbran mi camino, está todo muy oscuro, presiento las enormes piedras que flanquean el camino. Veo unas luciérnagas ¿rojas?, no; son los ojos de un perro que pasa silbando a mi lado, ufff, no veo un pimiento y si voy más despacio, me caeré por falta de velocidad…aún me quedan 75 km de curvas, esto es inacabable.
Pero todo se puede complicar más, mucho más. Entro dentro de una nube. Lo que me faltaba, niebla.
Me pongo de pie y así veo mejor, curva, camión, curva, negrura y más curva. Algunas tienen pintada la linea amarilla en medio de la calzada, la cual sigo como un topo. Otras nada. A veces los camiones me alumbran, otras me deslumbran. La niebla me hace ser un topo (esto ya lo era antes) pero con cataratas. Así que yo, el topo con cataratas subida en una abeja con las patas llenas de polen, avanzamos lentamente hasta que por arte de magia, salimos de la nube. Una vez en tierra firme y ayudada por el reflejo en el suelo empapado de mi luz y de las reflectantes señales veo Pasto, al fondo, lleno de luces en una ladera al lado del volcán que aún está activo.
Pregunto la dirección a la que voy y el mensajero (que se saben todas las calles) se ofrece a que le siga. En unos minutos estoy delante de la casa de las personas que me acogen hoy.Ttengo que subir la moto a la rampa y ... pataplás, otra vez en el suelo, jajaja, han sido tres, hoy tres…pero creo que o me crecen las piernas, o esto es el comienzo de una nueva costumbre en mi: besar el suelo allá donde voy.

Lunes, 17 de Diciembre de 2012 21:29

Alicia Sornosa ahora trata iguanas como a perritos.

Alicia nos pregunta en su video: ¿ Has tratado alguna vez a una iguana como a un perro?  ... Yo sí.

Desde Singapur se dirigió, esta vez por el aire, hasta Perth donde cogió uno de los trenes míticos Australianos, el Indian Pacific, entre Perth y Melbourne, aunque la viajera se apeó en Adelaida, recorriendo los 2.780 kilómetros que hay entre esas dos ciudades. Tras pasar la primera semana en esta ciudad del Oeste de Australia, visitar un parque natural con sus canguros y participar en el día de Australia, se dirigió a Melbourne.

Informacion adicional

  • - La periodista y ahora viajera Alicia Sornosa*, ha llegado a Sydney tras su aventura por el note de Australia.

 

La pasada semana en la ciudad de Anchorage, la aventurera Alicia Sornosa, procedió a un nuevo cambio de neumáticos. Los usados TKC 80 que han aguantado más de 10.000 km desde el último cambio hasta la vuelta de Inuvik, en el Círculo Polar, la han llevado por una de las pistas más largas del mundo, la Dempster Hy 1500 kilómetros off road donde los TKC 80 se han comportado perfectamente.

“El neumático trasero no lo he cambiado desde que llegué de Australia, en Melbourne. Ha viajado desde Los Ángeles hasta Inuvik, más de 20.000 km”

Barro, ripio o grava, arena, piedras y polvo para una prueba a fondo donde los TKC 80 han dado lo mejor de ellos, agarre, control de la motocicleta y seguridad para quien la conduce.

“Es una gozada poder contar con estos Continental, no he tenido ningún problema fuera del asfalto, aquí los neumáticos están en su salsa, se nota el agarre pese a la grava y las piedras, no he pinchado y me he divertido como nunca, permiten llevar una velocidad alta si la conducción lo permite, pero lo mejor es que en plena lluvia y con barro, no he notado ni un resbalón”, comentaba la periodista al terminar la pista.

En un taller de la ciudad costera, junto con el viajero Miquel Silvestre, se ha procedido al cambio de neumáticos, esta vez por unos Trail Attack, ideales para la siguiente etapa que la madrileña tiene que cubrir, desde Alaska hasta la costa Este de Norteamérica.

“He preferido montar los Trail Attack ya que el cruce de Canadá va a ser por carretera, estos neumáticos ya los montamos hasta Egipto, en la primera parte del viaje y con ellos también se puede circular por pistas siempre que no entrañen muchas dificultades, como una gruesa capa de barro”

Los Trail Attack están pensados para su uso mixto, aunque preferentemente por asfalto.

“Me gustan las sensaciones que transmiten al manillar estos Trail Attack; te permiten notar sobre qué tipo de asfalto estás rodando”

Tras este cambio de neumáticos Alicia Sornosa se dirige a la costa este newyorkina, desde allí volará el día 6 de septiembre para asistir como ponente a las BMW Riders de Formigal, para volver el mismo día 10 y continuar su periplo hacia América del Sur.

Informacion adicional

  • -
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