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Viernes, 28 de Septiembre de 2012 20:52

Alicia Sornosa ya ha pasado por New York

Por fin!!!!
Al que no le importe, que se haga suscriptor, que lo necesito, simplemente os llegará un aviso cuando cuelgue los vídeos... es por un tema de patrocinios...a partir de 1000, cuenta.

Gracias por adelantado!.

Aquí:  

http://www.youtube.com/watch?v=qFQsArHriKA&feature=youtu.be

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Lunes, 11 de Junio de 2012 08:21

Alicia Sornosa desde Vancouver, Canadá


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La triunfal llegada de Descubierta a EEUU

Ya llevo una semanita en Los Angeles y hoy que he tenido un poco de relax, me he puesto a pensar en todo lo que ha sucedido en este tiempo, esta semana que llevo aquí.

Viernes, 09 de Noviembre de 2012 14:59

Alicia Sornosa en su vuelta al Mundo, desde Vancouver

Ya hace tiempo que Alicia Sornosa pasó por Vancouver pero es ahora cuando hemos recibido este video en el que comienza a contarnos su viaje desde otro punto de vista. (Muy interesante)

La periodista y aventurera Alicia Sornosa colabora en http://twenergy.com/ en donde nos cuenta cómo son los hábitos de eficiencia, ahorro energético y sostenibilidad en el mundo:

Alicia Sornosa ha dejado aparcada su BMW F 650 GS en New York y se ha venido a España en avión haciendo un alto en el camino para asistir al BMW Motoriders en Formigal.

Ya terminada su presentación, ahora Alicia Sornosa vuelve a los EEUU para continuar su vuelta al Mundo bajando por Centroamérica y por la ruta 40 hasta la Patagonia conquistando así todo América del Sur.

De momento nos ha dejado este video que relata solo en una pequeña parte lo que hasta ahora ha sido su aventura por las tierras de este  Mundo, pero en breve tendremos aquí en TURBOREVISTA mas noticias de la intrépida Alicia Sornosa que está marcando caminos para la mujer motera en todo el planeta.

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Camino a Dempster, casi 1.500 kms. de ruta para llegar al Círculo Polar Artico.

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La triunfal llegada de Descubierta a EEUU

Ya llevo una semanita en Los Angeles y hoy que he tenido un poco de relax, me he puesto a pensar en todo lo que ha sucedido en este tiempo, esta semana que llevo aquí.  Lo primero fue mandar la moto en avión desde Melbourne, cosa que al principio me parecía complicadísima (mi nivel de ingles es pésimo aunque mejora) ya que tenía que negociar la tarifa de carga con un agente que por supuesto no hablaba en español. Desde España me ofrecieron ayuda y la acepté, aunque al final no llegó a cuajar si me abrió las puertas para conocer al que llamaré mi super-agente: Nick, de Melbourne.

A base de traductor on-line y advirtiendole desde el principio que negociaríamos por mail para mejor entendimiento (por teléfono no me entero y con el acento australiano menos), conseguí reducir la tarifa desde los 9 dólares/kilo hasta los 5,2, cosa que no está nada mal para ser la primera vez que negocio este tipo de cosas, sin nadie al lado que me eche una mano. Tras cerrar el trato con una compañía aérea australiana, volví a pedir ayuda. Necesitaba una caja y la manera de llevarla hasta la zona de carga de la compañía. Fue fácil, en el concesionario de BMW de Melbourne, me informaron unos buenos amigos de allí, las cajas las tiran o regalan. Ni corta ni perezosa (esta vez con un poco de ayuda de Phil, que ha sido como mi hermano en Melbourne) me planté en BMW para hablar con el jefe de servicio y pedirle el favor. Me lo concedió ipso-facto, la verdad que son encantadores en este país de las Antípodas.

Al día siguiente John (otro amigo de Phill y ya mío) me acompañó con su Ford pick-up a recoger la liviana caja desmontable de madera (base) y contrachapado (las paredes) de tan solo 68 kg, algo que después de utlizar las pesadas cajas de madera en Kenia e India, me parecía alucinante. Le seguí con mi moto hasta la nave donde me ayudó a desmontar el manillar y retrovisores y atarla a la base de madera. Peso total: 315 kg, con sus cajas llenas y todo, ¡genial!. Ahí se quedó mi Descubierta, en una caja de cartón, esperando a ser metida en la bodega de un avión. Hecha la transferencia saqué un billete en el mismo vuelo y tras 14 horas de viaje y un mail impreso con las instrucciones, puse los pies en USA.

La cosa la pintaban muy complicada, en casa de Daniel y Nicole (otros buenos amigos que dejo allí) habíamos investigado los papeles necesarios para hacer la importación temporal ya que el carnet de passage en EEUU no sirve de nada. Tenía que haber mandado una carta a la EPA con la noticia y datos de la temporal importación de mi moto con una semana de antelación y haber obtenido respuesta pero lo hacía con tres días de margen, nada más. Iba sin ese papel, que seguro me pedirían en aduanas y sin el cual, la moto la volverían a enviar a Australia o Canadá, pero en USA no iba a tocar el suelo.

Tras el largo viaje de 14 horas en el que me adelantaba en el tiempo al volar al revés que el movimiento de la tierra, el avión puso sus ruedas en suelo yanki. De llegadas internacional me dirigí a “customs” en un taxi. Cuando entré en el enorme edificio de una planta que estaba casi vacío, una máquina de tikets de “su turno” y cuatro ventanillas vacías me daban la bienvenida. Tragué saliva y recé por que me atendiera un hombre…

Nada más lejos de mis deseos, se acercaba una mujer, negra, grande y con pinta de mala leche hacía mi ventanilla. Volví a tragar saliva. Me temblaban las manos de los nervios y el gigantesco jet-lag que tenía encima en esos momentos. El corazón me latía deprisa, la mujer se dirigió a mi y no entendí un pimiento. Encima el idioma, me puse muy seria, casi no podía ni sonreír.  Como buenamente pude le expliqué que necesitaba un sello para sacar mi moto de la zona de carga del aereopuerto. Ella miraba una tabla de importaciones una y otra vez y yo me atreví a volver a explicar que estaba de paso, a enseñarle todos los papeles que tenía y a sacar el carnet de passage. Ella os miraba mientras descartaba la amarilla carpeta diciendo, “este documento no lo reconozco”.

Por enésima vez fui consciente de que tragaba saliva. Me miró y me dijo que la dejara trabajar en paz, que me sentara en una de las sillas-clones del fondo de a vacía sala y que eso de no saber qué hacer con mis papeles, era su problema y ella lo tenía que solucionar. ¿Su problema?, pensé, problema el mío como no le de la gana de sellarme el dichoso papel de salida. A los 5 minutos la impaciencia me comía y me acerqué de nuevo con todos los papeles a la ventanilla. La mujer me volvió a mandar a mi sitio. La he cagado, pensé de nuevo, ahora por idiota e impaciente me lo va a devolver todo. Me llamó, me soltó una charla que acababa en alguna pregunta. Mi cara de interrogación hacía que se desesperara por lo que llamó a una hispana con la que me entendí de maravilla. También se unió a la charla otro policía, este de origen asiático, que se interesó por mi viaje le di la dirección de mi web y se fue a mirarlo en el ordenador. Eso me daba ventaja, un hombre, una hispana y un ordenador. Bien!. La mujer americana seguía dale que te pego a los papeles, el ordenador y el teléfono.

Tras mandarme venir de nuevo a la ventanilla con un gesto de la mano y hacerme rellenar los mismos papeles que ya llevaba yo rellenos e impresos y por duplicado, me pregunta por una dirección postal, casi me pongo a llorar. pero respiré hondo de nuevo y en tres milésimas de segundo recordé los anteriores pasos fronterizos, lo de la dirección no sirve para nada, es un mero trámite, venga, échale morro. y casi sin pestañear le doy la dirección escrita en el mail del amigo del agente de Melbourne que me escribío las instrucciones con las posibles catástrofes de re-envío de mi moto a otro país si el papel de la EPA no llegaba a tiempo y se les cruzaba el cable en aduanas. Por fin veo que saca un sello, el asiático vuelve encantado con lo que ha visto en internet, la hispana me repite todo lo que la negra dice. Yo no oigo nada, solo veo los papeles en mis manos y el sello de la libertad. Cuando tengo todo en mi poder me permito el lujo de pedir que llamen un taxi para mi. Estoy salvada. Y me vuelvo hacia la poli, ¿Cuanto tengo que pagar?, Nada, me responde. Jum! me empieza a gustar este país.

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Alicia Sornosa y Miquel Silvestre reanudan su viaje por todo el Mundo desde Alaska y nos presentan a amigos conocidos en este viaje que también están dando la vuelta al Mundo...

Lunes, 01 de Abril de 2013 11:06

Del desierto a Ouarzazate por las gargantas

Me despierto a las 6:45. Creo que no me da tiempo de ver la salida del sol, pero me levanto igualmente. Aún somnoliento, abro la puerta de nuestra habitación, que da a una espectacular terraza que ocupa todo el tejado de la kasbah. Lo que veo ante mis ojos me despierta en décimas de segundo. El sol hace poco que ha salido, y se oculta en una pequeña nube sobre el horizonte. Un horizonte mágico. De arena rojiza. El impresionante Erg Chebbi ya estaba ayer cuando llegamos, pero ni lo intuimos. Enormes dunas de suaves curvas abrazan pequeños grupos de palmeras aquí y allá. El silencio reina en el ambiente y la temperatura comienza a subir rápidamente. Estamos en la puerta del desierto.

Hoy pasaremos el día con Eduard López. Decidió cambiar su piso de Barcelona por una pequeña casa aquí justo cuando acabó su espectacular viaje a Ciudad del Cabo en moto. Ride to Roots. En aquel viaje quería viajar a las raíces de la humanidad, volviendo a lo más básico y sin cosas superfluas que desvirtúen todo. No sé si lo consiguió en su viaje. Pero después de pasar un día entero con él y Simona, estoy seguro de que ahora lo han conseguido. Y me dan envidia.

Quedamos a primera hora en la gasolinera de la zona, punto de encuentro de cientos de 4×4, quads y motos de los europeos que vienen a este lugar a desfogarse. Espero al menos que respeten el ambiente y el paisaje. Hacemos una ruta corta y facilona por la zona, hasta el lago Jasmine, que resultó que no suele tener agua. Primer contacto con la arena. Dos personas en una GS 1200 no es la mejor manera de aprender, pero gracias a los consejos de Eduard pude salvar cada vez con mayor destreza los pequeños bancos de arena.

La Baraka, el lago Jasmine,… Justo en el borde de las dunas, que se muestran altivas, y por qué no, algo desafiantes. Es de personas inteligentes saber dónde está el límite. Y yo sé dónde está el mío. Justo aquí, a pie de duna.

La comida y el té transcurrieron entre charlas y cambios de impresiones. Sin prisas, como se hacen las cosas en el desierto. Hasta que el sol se puso. Fue el momento de ver la nueva kasbah y de escuchar las explicaciones de Simona y Eduard sobre su acondicionamiento. Nuevamente me dieron una envidia muy sana.

El trayecto por pistas de noche hasta el hotel nos dio una nueva dosis de aventura. Seguir la pista correcta a oscuras se antoja imposible a pesar de seguir el track del Garmin. Casi lo conseguimos. Solamente a quinientos metros del objetivo decidí marcarme una “ruta creativa” por una pista demasiado arenosa para nuestro gusto. Ese chute de adrenalina hizo que saboreáramos más si cabe el estupendo plato de nombre difícil de recordar que nos prepararon en nuestra kasbah.

Tengo un sexto sentido para despertarme cuando toca sin tener que usar ningún despertador. 06:05. Justo la hora en la que el sol comienza a desperezarse tras las dunas de Merzouga. Despierto a Belén. En silencio, apoyados en una de las almenas de nuestro castillo particular, vemos cómo amanece.


La ruta hasta las gargantas de Todra y Dades atraviesa un terreno extremadamente árido y seco. Pequeñas montañas de negras rocas y alguna que otra tímida duna de arena desaparecen rápidamente en el retrovisor. De tanto en tanto cruzamos algunos pequeños pueblos, donde la gente trabaja en la supuesta acera. Herreros, carniceros o carpinteros sacan sus trabajos al fresco, a la luz. A pesar de ser domingo. A las afueras, cientos de niños alzan sus manos esperando únicamente que les devolvamos el saludo.

Llegamos a Tinghir, el pueblo de donde nacen las gargantas del Todra. Encaramado al risco, observa a sus pies las frondosas veredas del río, escondido entre enormes palmerales. Casi invisible, la carretera se va introduciendo literalmente en las montañas, que forman paredes gigantescas a ambos lados del penoso asfalto. Al lado el río Todra, de no más de un palmo de profundidad, sirve de refresco a cientos de marroquíes que han decidido pasar el domingo allí. Tras un par de kilómetros, los puestos de artesanía y la gente desaparece, y nos quedamos solos con la garganta que durante varias decenas de kilómetros va jugando con la carretera, llevándola a derecha e izquierda.

Desandamos el camino muy a mi pesar. Existe una pista que conecta ambas gargantas, la del Todra y la del Dades, pero hoy debemos llegar a Ouarzazate, que aún está lejos. Las gargantas del Dades tardan en aparecer. Solamente el palmeral de su lecho nos garantiza que vamos en la ruta correcta. Después de observar las curiosas formaciones rocosas llamadas “los dedos de mono”, encontramos las gargantas. El valle se estrecha y la carretera comienza a zigzaguear para ascender por la escarpadísima ladera rocosa. Tras unos cuantos “tornanti” llegamos arriba. Desde allí, la vista de la carretera es muy efectista. Y es tampoco hay tantas curvas, pero todas las que hay, se ven desde allí.

El camino hasta Ouarzazate es pesado y tedioso. Múltiples pueblos ralentizan la marcha, mientras cientos de puestos a pie de carretera venden agua de rosas, típica de la zona. En algunos momentos se puede incluso percibir la fragancia a rosas. La carretera ha ganado en autenticidad. Los preparadísimos 4×4 del desierto de Merzouga, la mayoría españoles, dejan paso a desvencijados Mercedes con mil y un remiendos.

El sol se pone tras las altas montañas del Atlas justo cuando llegamos a la ciudad. Ouarzazate suena a leyenda. Espero descubrirla al anochecer

Lunes, 18 de Febrero de 2013 21:19

Alicia continúa por La carretera Austral

Desde hace unos días la aventurera lleva viajando entre Chile y Argentina. Ha pasado ya por lugares míticos como Puerto Montt en Chile y parte de la Patagonia Argenitna, como Bariloche, El Bolsón y el tranquilo pueblo de Esquel, donde visitó su antigua estación de tren, un ferrocarril de vía estrecha* que cumple con su recorrido entre las montañas desde hace más de 100 años y que aunque ahora con gas como combustible, su locomotora sigue expulsando vapor al aire.

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